Tuesday, May 23, 2006

Mendoza

El jueves me levanté muy temprano, se respiraba ya un aire de pesadez y muy a pesar del frío aterrador salí como todos los días a laburar. Voy al garage, saludo a Ramón y me dispongo a encender el motor del auto. Obviamente, no arrancó. Siempre hay un taxista en la calle dispuesto a escuchar tus problemas.
Ya en el laburo, y después de una reunión bastante asesina, dimos con un problema de raíz que nos paralizó todo el día. Demás está decir que no compartía el hecho que el problema fuera tal. Pero no me pagan para compartir y a los demás no le pagan para escucharme. Por enésima vez, acaté. Hinchado las pelotas sobremaneramente, decidí tomarme una semana de descanso. Una de las ventajas de la admnistración pública es que uno no necesita demasiados prólogos para tomarse vacaciones intempestivamente. Aceptaron con más resignación que ganas.
Después de la jornada laboral del viernes, llevé el taller al auto, le destrabaron el burro de arranque de un golpe, me cobraron por ese golpe y volví a mi casa un poco feliz. Aburrido el sábado, el domingo por la madrugada gané la Ruta Nacional Nº 7 y tras mil kilómetros desemboqué en Mendoza. Amigos, vecinos, conocidos verduleros, sorprendidos al verme, me ofrecieron su casa, aunque más no sea para una cena con vino de la casa.
Visitando Potrerillos recordé un partido de fútbol que les ganamos a los lugareños. Uspallata, San Rafael y Mendoza fueron mis destinos. Nunca dejo de asombrarme que el amanecer mendocino está filtrado por montañas nevadas, por precordilleras recortadas, por asequias que separan el largo letargo del caminante del tránsito vertiginoso de una calle céntrica, por gente que no conoce lo que es vivir en Mendoza.
El recuerdo no conoce las distancias, me persigue, me atosiga. Volví cuando el cuadro que escondía una ventana dibujó su cara en la precordillera.

3 Comments:

Blogger YAYA said...

Hay veces que la memoria nos concede la gracia de un olvido. Pero somos tan tercos que le hacemos guerra al olvido (que es tan purificador).
Por eso, quizá como un método defensivo, hay recuerdos que nos bardean, nos empachan y no nos dejan zafarnos de ellos; por lejos que vayamos, por lejos que nos escondamos, por lejos que vayamos a mostrarles en la cara que no les tenemos miedo.

5:25 AM  
Blogger Alabama Worley said...

Me dió ganas de tener auto usté. Y bueh, de saber manejar también...

1:13 PM  
Blogger pequenia said...

don piter, hace mucho que no escribimos, no? ya lo ando extrañando...
acuerdese que me debe la cena todavía.
besos

6:31 PM  

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