Rosa Negra
Pero lo más complicado de afrontar es cuando reparás en ella. Ese instante es sublime, bellísimo. Ves como debajo del rostro que has mirado siempre se va dibujando otra persona. Todo empieza por el cuello; se va formando con el correr de la mirada ascendente hasta terminar abruptamente en el mentón, visto de perfil.
La pregunta hiriente (¿Qué pasará?) se torna ahora naif. Ésta pregunta es ya irrelevante. No importa lo que pase porque, aún cuando no pase nada, quedarás embaucado por el nuevo descubrimiento, más aún, quedarás esperanzado.
Miro sus ojos diáfanos, celestes; ella mira los míos. El mundo se detiene, literalmente y la noche que comienza es de epifanía. Hablo sin poder desentenderme de su mirada, de su atrevimiento. Pregunto, increpo, pero ella no responde. Y es peor el obstáculo que llama al silencio que la palabra que lastima.
Ya no puedo sostener la mirada, es demasiado para mí. Cego mis ojos, acepto un cigarrillo que me convidan oportunamente. Saco mis fósforos y lo enciendo. La vuelvo a mirar y ahora es ella que me devuelve la mirada. Es la misma de siempre. El instante ya pasó pero dejó consigo la eternidad.
Sin embargo, no era esto de lo que te quería hablar, sino de todas las cosas que tengo para callar. Ella es el pétalo de una rosa que no puedo oler. Una lágrima que no puedo secar.

3 Comments:
siempre hay más cosas para callar, las cosas esas que todavía no tienen palabras...
O las cosas que tienen palabras pero que no pueden tener destinatarios.
Oh oh, gracias por tu Feliz Día! : )
Post a Comment
<< Home